17 de julio de 2011

Mitos y Realidades del Agilismo: "Agile va a solucionar tus problemas de inmediato"

La última de las máximas que se escucha habitualmente es: “Agile va a solucionar tus problemas de inmediato”. Se suelen tener elevadas expectativas al implementar prácticas ágiles, esperando que sea una solución mágica que borre rápidamente problemas recurrentes en la empresa.


¿Qué nos muestra la experiencia? Que es cierto que uno puede apoyarse sobre ellas para dejar al descubierto los principales problemas de la organización para desarrollar software. La mala noticia es que el camino es difícil y que ninguna metodología agile es mágica. Al proponer un marco con iteraciones de duración igual o menor a un mes, en el cual cada equipo compromete un incremento de funcionalidad en un software que sea de valor para el negocio, se ponen en evidencia rápidamente los impedimentos que ponen en riesgo dichos acuerdos.

Scrum propone una actividad sistemática de retrospectiva al finalizar cada iteración, en la que el equipo intenta identificar los principales obstáculos que dificultaron su trabajo. Estos impedimentos pueden revelar, por ejemplo, limitaciones del equipo, problemas en la relación con el cliente/usuario y conflictos en la organización. La parte difícil es actuar sobre los problemas emergentes que implican gestionar cambios culturales arraigados. La transparencia y la visibilidad que aportan las metodologías ágiles para todos los actores involucrados (equipo, management, clientes, usuarios) resultan difíciles de “digerir” por algunas personas. Varias de las prácticas de Lean (“Eliminar los residuos”, “Ver el conjunto”, “Crear la integridad”) permiten llevar a cabo una reflexión completa sobre el fundamento de cada actividad de un proceso, tratando de eliminar todos los pasos que no aportan valor y que suelen relacionarse con la burocracia. Estos impedimentos suelen trascender el mero ámbito del desarrollo de software e involucrar una visión transversal a todo el negocio de una empresa, implicando mejoras a articular entre múltiples sectores.

Por esto, sobre esta tercera máxima, proponemos:
  1. Estar preparados para el momento en que se “saquen los trapitos al sol”.
  2. Trabajar en las formas de reaccionar, reflexionar y emprender iniciativas de mejora.
  3. Pensar a los equipos ágiles como laboratorios donde probar variantes con un riesgo limitado.
  4. Tener iteraciones cortas que permitan cometer errores con impacto moderado (una sola iteración) para aprender.
  5. Ser permeables al error como mecanismo eficaz de aprendizaje. Como dice el proverbio, “Aquél cuyo pie resbala, muestra el camino para muchos”.
Este post es parte de una nota mía publicada en la revista Perspectiva (N4) del grupo Pragma Consultores